
Todo esto lo
empezó ella.
En 1970 Anita abrió una florería en Las Condes. Cincuenta y seis años después seguimos en el mismo oficio: mirar la flor, elegirla, armarla a mano y llevarla el mismo día, con el mensaje que alguien no encontró cómo decir por teléfono.

Cambió tres veces. Para los clientes, nunca.
Una florería de barrio que creció sin dejar de serlo
Cuando Anita empezó, encargar flores era ir hasta el local y explicar con las manos cómo se quería el ramo. Desde entonces cambió casi todo, menos lo que importa: alguien mira la flor antes de ponerla.
Hoy trabajamos igual, pero para más gente. Un hijo que vive afuera y quiere que su madre reciba algo un martes cualquiera. Una empresa que despide a alguien querido. Alguien que la embarró y no sabe cómo empezar la frase.
A todos les entregamos lo mismo: flores que se ven como en la foto, a la hora que dijimos, con la tarjeta escrita a mano.
Qué mantuvimos y qué tuvimos que aprender
Lo que no ha cambiado
Lo que sí
Dinos qué quieres decir. Nosotros lo llevamos.
Elige el arreglo y la fecha, escribe la dedicatoria y nos encargamos del resto.